los primeros días de septiembre son siempre de reajuste lento después de las vacaciones, de reactivación de las rutinas habituales, de puesta al día, de reencuentros más o menos gratos
(este año el proceso está durando algo más, pero ya casi lo doy por terminado)
así, cerramos cosas pendientes en casa, llenamos el frigorífico, ajustamos las próximas semanas (compromisos, libranzas, médicos); aún hay flecos pendientes (hay que jubilar el ordenador y hacerse con otro), pero, en general, todo está ya otra vez en marcha y va cogiendo poco a poco su ritmo
volver a la rutina es volver al transporte público, que es, también, volver a la lectura diaria, y a día de hoy alterno la relectura de Jimmy Corrigan (Chris Ware, santo patrón de la melancolía y la presbicia), que llevaba tiempo pendiente, con alguna novedad: Fantasma, el libro de Nerea Pérez de las Heras (una señora que me cae muy bien), o Slow gods, de Claire North (porque el cuerpo me estaba pidiendo a gritos agujeros de gusano, naves espaciales, superposición cuántica y cosas muy cósmicas)
solo falta que el tiempo nos de una tregua y las temperaturas dejen de ser insufribles
días tranquilos en el edificio Baxter
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