domingo, 15 de julio de 2018



Seguramente la mejor noticia (dejadme ser feliz) de estos últimos días es esta JOYA que edita en papel spiderland/snake, y que se puede leer en su web

Borja González es, hoy por hoy, the boss.

sábado, 14 de julio de 2018




Música para el fin de semana de aterrizaje. 

MOURN. (Que me gustan, mira.)

Pues sí, I'm back. 

Y eso.

sábado, 7 de julio de 2018














Música para el fin de semana. 

Estaré unos días fuera, así que dejo aquí unas pocas canciones de las que suenan a menudo en el edificio Baxter y me ponen de buen humor. (Ahí está, por ejemplo, el primer disco que compré de Jonathan Richman, después de escucharlo en Flor de Pasión. Qué maravilla. Si no os hace mejores personas, yo ya no sé.)

A la vuelta, más reseñas (o así) de tebeos.

Besis.


La noticia hoy es el fallecimiento de Steve Ditko, creador de personajes como Spiderman, Dr. Strange o The Question, y de monstruos inolvidables. 



Spiderman, sí. Ese Peter Parker de gafas redondas. El del poder y la responsabilidad. El primero, antes de que llegaran Romita y el pop.


Aquí, un documental sobre su trabajo y su vida.

viernes, 6 de julio de 2018



Pues ya está en marcha la Semana Negra de Gijón. 

Desde aquí, cada día, se podrá descargar el correspondiente ejemplar de A Quemarropa.

Aquí se puede consultar el programa. 

Wish I was there... pero tendrá que ser otro año. (A todo el equipo, ojalá que todo vaya bien. ¡Ánimo!)


jueves, 5 de julio de 2018

Y hablaba del exceso de hype, de encontrarse con obras que no están (para mí, al menos) a la altura de las expectativas. Y pienso en Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris (Reservoir Books, 2018), una obra monumental de la que todo el mundo hablaba maravillas y que empecé a leer con muchas ganas, pero, como diría Ter, se me hizo bola. No sé bien si la culpa no es de un grafismo barroco, excesivo y a veces desigual que todo el rato distrae de una historia que, además, abusa del texto. (O a lo mejor no, no lo sé, pero es que a veces da la sensación de que las imágenes sobran.) ¿Es un mal libro? En absoluto. Está lleno de ideas felices, tiene unos personajes muy bien construídos, la voz de la narradora/protagonista te lleva de la mano en todo momento, incluso hace creíbles algunos detalles del argumento que en fin. Es un buen libro, sí, de lectura un poco farragosa. Que, sospecho, se desinflará con el paso del tiempo y las correspondientes relecturas. (O no, yo qué sé: igual en un par de años vengo aquí a rectificar.)




Esto mismo me ha pasado con Nieve en los bolsillos (Norma, 2018), el libro que Kim firma en solitario después de sus colaboraciones con Altarriba. Un trabajo también apoyado en la memoria, en este caso la del propio autor y su experiencia de migrante español en la Alemania de los años 60. Un trabajo honesto, bien hilado y muy emocionante en determinados momentos, pero que no deja de ser una sucesión de anécdotas y personajes, sin más esqueleto narrativo. Un libro notable, que se lee con gusto (pero con cierta monotonía, diría yo) y deja buen recuerdo, sí, pero no duradero.




¿Que por qué vengo aquí a decir estas cosas? No son tebeos que me parezcan flojos, no son títulos que no me hayan gustado. Es más, como decía al abrir, la sensación de decepción después de un aplauso tan unánime. Decepción leve, benigna, decepción de tampoco es para tanto.


Y eso.