estos días de vacaciones me están sirviendo para ponerme al día con algunas series que tenía en la lista larga de a ver qué tal, y bueno, hay algunas que se han caído
por ejemplo, Se tiene que morir mucha gente (todo mal ahí, qué pena; no pasé al segundo episodio), o Arde Madrid (lo mismo digo), o One Piece (cambio de registro, pero todo mal también, del primero no pude pasar, y me costó terminarlo: no es para mí)
tampoco pude con Alta fidelidad, la adaptación de la película que ya adaptaba un libro estupendo de Nick Hornby; novela y peli me gustaron mucho en su momento, pero esta nueva versión me ha dado toda la pereza: le veo las costuras a todo, todo lo veo venir de lejos y nada funciona como debería (tres capítulos le di de margen, porque tenía muchas ganas de que me gustara y Zoë Kravitz le pone voluntad)
mientras tanto, voy viendo nuevas entregas de Oficina de infiltrados, una serie francesa de espionaje que funciona como un tiro y transita caminos muy diferentes de la típica serie de espionaje anglosajona; me gusta mucho, sobre todo, esa dimensión funcionarial que deja ver, con el comedor de empleados de bandejas blancas y menú cerrado en el que puedes imaginar que los personajes hablan de horas extras y moscosos
música para el fin de semana: pues es que se murió el Coyote, así que toca repasar sus canciones; a mí me gustaron mucho los discos de Los Coyotes, en especial el primero largo (Mujer y sentimiento), pero lo que ha estado haciendo los últimos años tiene mucha gracia también
poco más
días tranquilos en el edificio Baxter
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