cosas de casa: las vecinas de al lado tienen una perrilla, Clarita, que se dedica a ladrar cada vez que oye a alguien en el rellano y que, cuando la sacan al paseo, gruñe y refunfuña mientras baja por la escalera y no se calla hasta que pisa la calle
(eso sí, si te la cruzas abajo, en la acera, se acerca y se deja mimar como la que más)
me hace tanta gracia escucharla cuando se pone cascarrabias, siempre me pone de buen humor, y a veces hasta contesto cuando me ladra a través de la puerta
en otro orden de cosas, el termómetro va subiendo despacito y al balcón vienen a beber los gorriones de costumbre y, desde hace unos días, también un par de palomas; dan un par de tragos, se mojan la cabeza y se pasean por la barandilla antes de aletear y volver por donde llegaron
sigo buscando lectura: he tanteado a Bolaño y a Neal Stephenson, pero a las cien páginas se me hicieron bola; ahora estoy con John Connolly, y voy bien, pero creo que lo que el cuerpo me está pidiendo son viñetas...
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