hoy ha entrado en casa el primer moscardón del año, imagino que heraldo del verano inminente (aunque nadie lo diría), y ha pasado lo de costumbre: vueltas y vueltas hasta llegar a la otra punta de la casa y empezar a dar cabezazos contra el cristal de la ventana hasta que se la he abierto y allá que se ha ido
mientras tanto, la vergüenza ajena sigue siendo el mood (virus, viajes a México, voceros del caos, elija su propia aventura)
y, en otro orden de cosas, me avisa mi librería de guardia que llegó ya el último número de Palookaville, la publicación aperiódica de Seth que empezó siendo una grapa como las de toda la vida y ahora son unos libritos en tapa dura rellenos de cosas bonitas; hasta la semana que viene no me podré pasar a recogerlo, así que igual me decido a releer los anteriores estos días, que tampoco son muchos y me va a venir bien (leer y releer a Seth siempre viene bien, está de más que lo diga)
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