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viernes, 14 de enero de 2022

mediado ya enero, y antes de que la pereza me venza otro año, me pongo con mi lista de los tebeos que más me gustaron en 2021; una lista que va a ser corta, porque no he leído tanto como hubiera querido, pero mira, el tiempo y el espacio son limitados (sobre todo el espacio, ejem), así que esto es lo que hay


lecturas que, por una u otra razón, me hicieron feliz


La isla, de Mayte Alvarado. Reservoir Books. Seguramente el mejor cómic que se editó el año pasado. (O, como mínimo, el que más huella me ha dejado.)

Raros, de Laura Park. Underbrain. Lo leí a principios de verano, y desde entonces no he dejado de darle vueltas. Ojalá alguien editara más trabajos suyos.

Jiménez del Oso, de Lorenzo Montatore. Es la primera entrega de Vidas de niños/as dentro del fanzine infantil Tupitina, una maravilla que firman él y Blanca Lacasa al alimón bajo el nombre en clave de Carabel (lo que no deja de ser una declaración de intenciones). 

Todo bajo el sol, de Ana Penyas. Salamandra Graphics. Es que no sé ni qué decir, lo de esta mujer me abruma.

Us, de Sara Soler. Astiberri. Me gustó mucho el fanzine, y no tenía claro cómo funcionaría la cosa con más páginas. Spoiler: MARAVILLA. Es emotivo, didáctico y muy divertido. Y qué bien resuelto todo.

Hopper, de Felipe H Navarro. Autoedición que recoge su webcómic en un formato cuquísimo. Que si digo que es experimental, o minimalista, o poético, habrá quien arrugue la nariz. Pero lo disfruté mucho por entregas, en su momento, y es una alegría tenerlo en papel, ahí, en la balda de cosas exquisitas.

Tonta, de Jaime Hernández. La Cúpula. A ver, Jaime Hernández, es que no hay que decir más. 

Holms y Piorot, de Jali. Diábolo. Que lo acabo de leer, como quien dice, y menos mal. Cambio de registro con respecto a sus anteriores libros: del gótico de juguete a recoger el testigo de Raf. Jali siempre en mi equipo. 

El pacto, de Paco Sordo. Nuevo Nueve. Pues seguimos con el recuerdo, o la reivindicación, de Bruguera. Madre mía, qué bien me lo pasé.

Villanueva, de Javi de Castro. Asiberri. Horror folk, o como se diga, pero de aquí. Funciona como un reloj, y qué bonito está dibujado. No sé si se puede pedir más.

Big Foot, de Pau Valls. Autoedición de su webcómic. Otra joyita de las que me ponen de buen humor.

Prdro y Maili, de Ávaro Ortiz. Astiberri. Más webcómic. Una ida de olla que, con el tiempo, ha demostrado ser casi profética. No es tan bueno como El murciélago sale a por birras, pero es que era imbatible (ejem). Como madrileño que soy, pues qué voy a decir: me llega al corazón.


(nota al margen: ¿soy el único que ve una cercanía de estilo en este grupito de Ortiz, Valls, de Castro y, en menor medida, Sordo, y alguno más?;  una especie de línea clara cuqui que, por cierto, me encanta)


Doña Concha, de Carla Berrocal. Reservoir Books. (También, sus apuntes biográficos sobre Emilia Pardo Bazán, que aparecieron a lo largo del año en la revista M21, y que ojalá se recopilaran en algún momento.) Nada, un pedazo de libro. Qué bien escrito, y qué bien encajado está el grafismo, tan sintético y tan elegante.

Contrapaso, de Teresa Valero. Norma. A mí la cosa francobelga clásica se me hace bola desde hace tiempo, y me acerqué a este álbum con mucha prevención, pero mira, nada que ver. El tono ligerito y la sensación de familiaridad, de estar leyendo un tebeo de otra época (pero en bien, no es peyorativo), me dejaron muy buen cuerpo. 

Medea a la deriva, de Fermín Solís. Reservoir Books. El trazo, los azules, los silencios. Hay muchas cosas que me gustan de este libro.

La cantina de medianoche 4, de Yaro Abe. Astiberri. Yo qué sé, me encanta. De verdad que me hace feliz leer estas historias medio disparatadas a veces.

Los grandes espacios, de Catherine Meurisse. Impedimenta. Qué francés todo. Eso me hace gracia.



en fin, yo qué sé

he leído más cosas, pero no han dejado rastro, o me han dejado un poco así; y me faltan muchas otras cosas por leer, ya lo he dicho (lo de Montatore, por ejemplo; o lo de Laura Pérez, que intuyo que me va a gustar)


viernes, 22 de octubre de 2021

estos días estoy leyendo el libro más reciente de Alison Bechdel, que tiene un título inverosímil (El secreto de la fuerza sobrehumana) y viene a repasar toda su vida a través de su relación con el ejercicio físico

qué voy a decir, está todo muy bien, impecable, no hay peros... PERO a mí no se me quita la sensación, leyéndolo, de estar haciendo los deberes, como si fuera una obligación más que un placer, y no sé de quién es la culpa; seguramente mía, está claro, pero yo echo de menos un poco de chispa, no sé explicarlo mejor

me aburro, y ahora espero con ganas los trabajos nuevos de Álvaro Ortiz, de Carla Berrocal, de Borja González, de Emma Ríos; me interesa mucho lo que hace gente como Pau Valls, Javi de Castro, Ana Penyas, Paco Sordo, FHNavarro, Fermín Solís, Mayte AlvaradoJuan Berrio o Jali (hay más nombres que ahora no me vienen a la cabeza, pero tampoco tantos, eso seguro), y la editorial que más alegrías me ha dado en estos últimos años ha sido, creo, La Cúpula, con su Jaime Hernández y su apuesta por material de aire nuevo: Tillie Walden, Flavia Biondi, Vera Brosgol (además de recuperaciones milagrosas como la del Juan Jaravaca de Mediavilla, una cosa espectacular)

que no me canso de los tebeos, ojo; solamente  pido recuperar un poco la sensación de descubrimiento, de encontrarme con algo fresco; y en eso estoy


(un poco como en música: me dan toda la pereza los dolores de cabeza de Jota Planeta, siendo yo muy planetario; me hace más feliz escuchar a Ginebras, Marcos y molduras, Cariño o Lisasinson, por un poner)

 


miércoles, 2 de junio de 2021

por resumir: el fin de semana trabajé y el lunes, día libre, lo pasé esperando la lluvia (cocinando, leyendo, escuchando música y, a última hora, asistiendo a una junta de vecinos que fue sorprendentemente liviana, duró poco y no propició discusiones, todavía no me lo creo)

en otro orden de cosas, y por seguir con el resumen, lo de los premios del Salón del Cómic: qué pena que una polémica tan absurda esté eclipsando al resto de los premiados; y a día de hoy todavía estamos a la espera de que la organización de la cosa diga esta boca es mía (o suya, en fin), y la marea crece, el enfado aumenta, todo se va saliendo de madre y yo ya no sé si va a tener arreglo (me da que no)

(I know, todo críptico: a ver si tengo un rato y entro en detalles, porque a estas alturas sigo sin entender nada)

sábado, 3 de abril de 2021



Música para el fin de semana. A Natalia Lacunza no la conocía hasta su colaboración con Cariño, y mira, aquí no suena nada mal.

Semana Santa. Segundo año con mascarillas. Esto no lo veía venir nadie hace un año, ¿eh?

En fin. Pues nada, que estos días he estado leyendo un poquito, poniéndome al día. El Contrapaso de Teresa Valero, que nace con hechuras de clásico. El nuevo de Daniel Torres, que se homenajea a sí mismo y a sus tebeos de los ochenta. Lo último de Olivares y Carrión, un artefacto lleno de guiños, citas y laberintos que he disfrutado mucho principalmente por Javier (pero que a quien más va a gustar es al propio Carrión). The Seeds, de Nocenti y Aja, que es una barbaridad de gráfica y narración, pero cojea un poquito en el argumento. El libro de ranas de Roberto Massó, que es otra de sus rarezas, una fábula de aire clásico traducida a las maneras modernas. Y alguna cosa más que me dejo en el tintero. (De todo hablaré un poquito más, tampoco mucho, en el instagram; cuando me anime.)

Por lo demás, poca cosa. Bueno, sí: torrijas.

Días tranquilos en el edificio Baxter.

sábado, 6 de febrero de 2021


Música para el fin de semana. Tienen un nombre supergracioso (Goat Girl) y suenan muy intrigantes, con un aire muy freak show.

Pues febrero. Cómo te quedas.

Esta primera semana hemos visto en casa It's a sin, y no puedo decir más que: Russell T Davies, me caso contigo hoy mismo, si tú quieres. Maravilla. Y he leído el nuevo libro de Ken Niimura (No lo abras jamás), que es una gozada. Y Tiempos precarios, de Flavia Biondi, que me ha gustado más de lo que esperaba (bien por La Cúpula, que sigue explorando el mercado italiano).

También he vuelto al Marco Incomparable. No hay cambios allí, todo sigue poco más o menos.

Por lo demás, poca cosa. Más de lo mismo.

Días tranquilos en el edificio Baxter.