viernes, 23 de octubre de 2026

ayer me pasé por algunas librerías por la mañana; en una de ellas vino a saludarme un basset hound gigante (estuve un rato acariciándole la cabeza y el lomo, seguramente el mejor momento del día), en otra compré unos cuantos fanzines (tenían puesto un disco de los Clash, así que me quedé otro buen rato rebuscando)

por la tarde charlé con A un poco, que hacía ya tiempo; siempre me hace reír, ojalá verla más a menudo

por la noche, quien me hizo reír fue el Perro en la tele, que tiene su mérito

y hoy es viernes y hemos librado: hemos comido con mi gente de los lunes, hemos paseado, hemos comprado queso

días tranquilos (en el edificio Baxter, que lo que es ahí fuera, en el mundo, está la cosa calentita) 

sábado, 17 de octubre de 2026

 decíamos ayer de Mariana Enríquez, y me he acordado de que vimos en casa la serie que ha estrenado Netflix adaptando algunos relatos suyos (Mis muertos tristes): me gustó bastante, a pesar de esa luz rara tan fea, pero deja claro que hay cosas que no hay manera de adaptar bien, porque lo mollar del trabajo de Mariana Enríquez está en el lenguaje, el fraseo, la manera de crear atmósferas con esas palabras y no otras, con ese ritmo... eso cómo se traslada

vimos también la nueva Carrie de Mike Flanagan, y qué bien me lo he pasado, pero si hablamos de adaptaciones hay aquí mucho más de Claremont que de King (por eso me ha gustado tanto, seguramente); ojalá más temporadas para desarrollar ese berenjenal de mutantes  y conspiraciones


por lo demás, la noticia del día viene con cero componente de sorpresa: no hay lista unitaria a la izquierda del Perro, cómo te quedas

(insertar aquí cabecita amarilla cabreada) 

viernes, 16 de octubre de 2026

nadie ha preguntado, pero vengo a decir que seguimos al ritmo habitual; con un poco más de susto en el cuerpo, eso sí, porque los bárbaros parece que están más cerca que nunca

la de cosas que han pasado en quince días: ha llovido y ha vuelto el calor, aunque en un par de días recuperamos el otoño; le han dado el Planeta a una escritora, contra todo pronóstico; se han convocado una huelga general y unas elecciones

y más cosas, pero la vida no me da para contarlo todo

estos días pasados mi lugar feliz ha sido el Cartas desde Sevilla de Nazaret Escobedo (en Mr Griffin): 272 páginas de fantasmas y jardines, de señoras, de perritos

también he leído Encarna viva, de Javi de Castro (en Astiberri): ternura, línea clara y señoras again, y una mirada inédita y muy pertinente a lo vampiro; de los mejores tebeos que vais a leer este año

y leí lo último de Ali Smith (Glifo, en Nórdica), otro de esos libros suyos que juega contigo y te lleva a ciegas y te desconcierta y de repente levanta el vuelo y ya no te quieres bajar

(en lista de espera tengo a Alana Portero y Mariana Enríquez, a Borja González, a Monteys y a Becky Chambers, tampoco para esto me da la vida)


¿música para el fin de semana?

Los Punsetes están presentando canciones nuevas, y también Daga Voladora


por lo demás, días tranquilos en el edificio Baxter 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

el lunes llegó el otoño de repente, sin avisar; de camino al trabajo se levantó un aire como de tormenta y empezaron a caer hojas muertas como si hubieran estado esperando la señal, y enseguida empezó también a llover despacito, un chaparrón que parecía de prueba, un ensayo


con el otoño ha llegado también la  muchedumbre: el museo lleva unos días otra vez saturado, imposible, después de un verano más flojo (más habitable, en realidad)


esta mañana me he dado cuenta de que, siempre que veo un avión cruzando el cielo, me acuerdo de una viñeta de El Cubri (Cava y Arjona, me parece que ya no estaba Saturio Alonso en el grupo), de Cadáveres de permiso, creo, en la que se ve un avión chiquitín volando de derecha a izquierda (no tengo a mano el libro y no puedo comprobarlo, ni documentarlo, pero aquí sí me fío de mi memoria); y me he dado cuenta, también, de que soy un poco así: veo el mundo en viñetas

para bien y para mal, supongo (sobre todo para bien, ejem) 

domingo, 20 de septiembre de 2026

 me he cruzado esta mañana con un pitbull que llevaba en la boca su peluche favorito y me he acordado de cuando no había noticiario de sucesos sin su incidente sangriento con perro peligroso; ahora, como contraste, tengo el instagram cuajado de pitbulls monísimos y bien peinados, con su cara de buena persona, y me doy cuenta de que me caen mejor, en general, que la mitad de la gente que conozco y la totalidad de la clase dominante occidental, políticos incluídos (excepto Mamdani; ese también tiene cara de buena persona)

en otro orden de cosas: domingo

  

sábado, 19 de septiembre de 2026

 vengo a decir que en septiembre sigue el verano, aunque estos últimos días ha refrescado y de noche ya hay que taparse un poco (y menos mal)

también, que he pasado ya el primer catarro de la temporada, por si había dudas

vengo a decir, además, que Daga Voladora tiene canción nueva en las plataformas, adelanto de disco grande, y es lo que suena en mi cabeza desde ayer en bucle

(Daga Voladora es Cristina Plaza, que formó parte de Clovis y de Los Eterno; hace un par de años publicó Los manantiales, un discazo con ilustración de Javier de Juan en la carpeta, no se puede ser más elegante)

así que, sí: música para el fin de semana 

lunes, 7 de septiembre de 2026

 los primeros días de septiembre son siempre de reajuste lento después de las vacaciones, de reactivación de las rutinas habituales, de puesta al día, de reencuentros más o menos gratos

(este año el proceso está durando algo más, pero ya casi lo doy por terminado)

así, cerramos cosas pendientes en casa, llenamos el frigorífico, ajustamos las próximas semanas (compromisos, libranzas, médicos); aún hay flecos pendientes (hay que jubilar el ordenador y hacerse con otro), pero, en general, todo está ya otra vez en marcha y va cogiendo poco a poco su ritmo

volver a la rutina es volver al transporte público, que es, también, volver a la lectura diaria, y a día de hoy alterno la relectura de Jimmy Corrigan (Chris Ware, santo patrón de la melancolía y la presbicia), que llevaba tiempo pendiente, con alguna novedad: Fantasma, el libro de Nerea Pérez de las Heras (una señora que me cae muy bien), o Slow gods, de Claire North (porque el cuerpo me estaba pidiendo a gritos agujeros de gusano, naves espaciales, superposición cuántica y cosas muy cósmicas)

solo falta que el tiempo nos de una tregua y las temperaturas dejen de ser insufribles


días tranquilos en el edificio Baxter