23 de abril, Sant Jordi, día del libro: un par de cosas que he leído estos meses:
El corazón revolucionario del mundo, de Francisco Serrano, fue premio Tusquets de novela el año pasado (una sorpresa, porque el autor es uno de los nuestros, no sé si se me entiende), lo leí con muchas ganas y no me defraudó lo más mínimo; de Serrano había leído ya En la costa desaparecida (en Episkaia), un western atípico y maravilloso que me acompañó durante las primeras semanas del confinamiento, cuando me resultaba muy difícil concentrarme lo bastante como para leer, y este trabajo nuevo confirma lo que ya allí dejaba clarito: que es el mejor poniendo títulos y haciéndoles luego justicia
llegué a Ali Smith por casualidad y un poco de rebote, gracias a una oferta de Amazon (menuda paradoja), Otoño primero, después el resto del cuarteto estacional y ya luego cualquier cosa que se pusiera a tiro; de Gliff leí una reseña en Locus y me dejó loco (¿Ali Smith + CF?, pero claro, si lo piensas no chirría tanto), así que a por él que fui, y todo bien, de lo mejor que he leído en los meses pasados; y me da un poco de pena no tener casi ninguno de sus libros en papel, porque cada vez opto más por lo digital (no caben más en casa, el drama está ahí y no hay manera de soslayarlo) y yo sé que un e-book no es un libro de verdad, y su lectura tiene menos peso, es menos esponjosa, y a lo mejor hay títulos que se disfrutan más, que crecen leídos en papel, así que no descarto que, cuando relea sus novelas, que es una cosa que pienso hacer más pronto que tarde (las del cuarteto, sobre todo), lo haga en la edición de Nórdica (que además es tan bonita)
nada más
me quedo a la espera de la lluvia, que el ambiente está enmarañadísimo
