sábado, 13 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
Hay por aquí un montón de cosas por leer, y otro montón de cosas ya leídas, o leídas a medias. Todo esto es un desastre.
Por ejemplo, he estado leyendo este libro de Emily Carroll, que me ha gustado mucho porque son cuentos de miedo de aire muy clásico, muy de chimenea, pero resueltos con una libertad formal y un desparpajo de color que me han sorprendido mucho. Me recuerda un poco a Richard Sala... pero con gracia.
Y he leído Lo primero que me viene a la mente, de Juaco Vizuete, que juega con un formato poco habitual y cuaja una historia de corte autobiográfico bien planteada y con un cierto aire (me ha parecido) a El Víbora de los años 90, lo cual está muy bien, la verdad.
Y ahí estamos, a ver si va bajando la altura de la pila de pendientes antes de que se derrumbe.
martes, 9 de septiembre de 2014
"Ya es de noche: duerme bien." Se lo decía siempre después de acostarla. Y cada mañana, para levantarla: "Ya es de día, hay que desayunar." No consigo acordarme de si se lo dije el domingo al meterla en la cama... Sí sé que se lo dije después, en el tanatorio: diez o cien veces... Las horas son muy largas.
Me gusta pensar que su cabeza viajaba hacia atrás en el tiempo, y que en estos años nos ha regalado su niñez. Se reía, desde luego, como una niña. Y se reía mucho, también con los ojos.
Como ya no podía hilarlas, se inventaba las palabras.
Ahora quedan los días malos de vacío, y después habrá que reajustar tiempos, gestionar nuevos ritmos aquí, en el edificio Baxter.
sábado, 6 de septiembre de 2014
He encontrado estos carteles, de aire irresistiblemente retro, que el diseñador Stuart Manning está haciendo para cada episodio de la nueva temporada de Dr. Who. Para entretener la espera...
jueves, 4 de septiembre de 2014
Buenos días.
Verán que la cabecera del blog ha cambiado. Señor AÍSA me ha obsequiado con una baraja de opciones, multicolor y muy POP, con la que voy a ir jugando en los próximos meses.
Por lo demás... ayer bien. Aterrizaje lento, pero seguro. No hay cambios en la línea del frente.
(Y sí, sí... todavía me puedo poner el uniforme. Ejem.)
miércoles, 3 de septiembre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
Terminó agosto, y septiembre llega con un tremendo jaleo en la calle: obras, atascos, camiones de reparto desde las siete de la mañana... Con el retorno de la actividad me viene la duda, pensando en mi vuelta al trabajo (mañana, ejem): ¿cabré en el uniforme? Que es lo que tenemos los que somos bajos de tórax: cierta tendencia a la expansión en redondo después de un tiempo de poco moverse, mucho jabalí y cerveza y ningún romano al que atizar... Otra cosa sería que se usaran moléculas inestables para elaborarlo (el uniforme, digo), pero eso cuesta un pico a día de hoy, y a ver cómo se lo explicas a los umpalumpas de la contabilidad skrull... Que no, vamos. Por ahora, puro trapillo.
Por lo demás, y en otro orden de cosas, es este el primer año en el que los últimos días de vacaciones no se me han antojado una carrera lenta cuesta arriba. Es más, agosto se me ha pasado volando... No sé si quiere esto decir algo o no, pero me ha llamado la atención.
En cualquier caso... bueno, que mañana volvemos al servicio activo. A ver qué tal va la cosa en la batalla diaria...
Por lo demás, y en otro orden de cosas, es este el primer año en el que los últimos días de vacaciones no se me han antojado una carrera lenta cuesta arriba. Es más, agosto se me ha pasado volando... No sé si quiere esto decir algo o no, pero me ha llamado la atención.
En cualquier caso... bueno, que mañana volvemos al servicio activo. A ver qué tal va la cosa en la batalla diaria...
lunes, 1 de septiembre de 2014
Con mis disculpas para el señor Bradbury y con un guiño a la buena gente de El verano del cohete...
(Lupita y su particular verano del cohete... Imagen de señor Aísa, que esta semana roza el cielo.)
domingo, 31 de agosto de 2014
Desde el balcón veo, a la izquierda, una mole de hormigón y ladrillo que, con imaginación y la luz conveniente, puede parecer una astronave varada. A la derecha no hay posibilidad de fantasear: algunos bares nacidos a la sombra de la antigua plaza de toros, portales, oficinas inmobiliarias y peluquerías; más allá, unos árboles que flanquean la calle durante un trecho. Si miro de frente, hay más árboles y algunas terrazas muy concurridas incluso en invierno. En general, bien; mucha gente a todas horas, un tráfico infernal, un kiosco de flores desde el que un loro, grande como un perro grande y de color gris mar, canturrea y silba desde por la mañana temprano. Bueno, y ruido, claro. También de noche, y eso ya no... pero es lo que hay.
Hay palomas y hay urracas. Hay, cuando cae la tarde, unos pocos murciélagos que vuelan como vuelan los murciélagos, como si fueran a tropezar con todo. Durante el verano, una avispa ha estado viniendo a refrescarse cada mañana a eso de las doce en el tiesto encharcado del papiro. Y hay algunos gatos que van y vienen por la calle con aire furtivo, como si supieran que a la última colonia que hubo aquí mismo, a diez metros del portal, la exterminaron hace un tiempo.
Este edificio Baxter es un buen sitio para vivir, en general. Tiene sus cosas: que si la Zona Negativa y sus chisporroteos cuánticos, que si las visitas de Galactus con sus relámpagos... Pero bien, ya digo.
Y cada noche, llueva, nieve o caiga azufre, me asomo un ratito al balcón antes de meterme en la cama.
No hay nada mejor.
Este edificio Baxter es un buen sitio para vivir, en general. Tiene sus cosas: que si la Zona Negativa y sus chisporroteos cuánticos, que si las visitas de Galactus con sus relámpagos... Pero bien, ya digo.
Y cada noche, llueva, nieve o caiga azufre, me asomo un ratito al balcón antes de meterme en la cama.
No hay nada mejor.
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